Un empleado de Google ocasionó un alboroto la semana pasada, cuando publicó un extenso memorando en el que criticaba la obsesión de la compañía en lo referente a temas de “diversidad”.

La carta, que se había vuelto viral dentro de Google antes de ser filtrada a la prensa, lamentaba la existencia de una “cámara de eco ideológica” dentro de la compañía, así como su “sello” de contratar trabajadores en base al grupo social con el que se identifican, en vez de elegirlos en base a su talento.

El documento hizo que los izquierdistas se pusieran furiosos, y pronto se empezaron a escuchar llamados dentro Google para que se despidiera al autor de dicho documento.

Al parecer, Google recibió el mensaje de los activistas de izquierda, dado que despidió al autor de la carta, James Damore, en la noche del pasado lunes 07 de agosto. Damore, quien trabajaba como ingeniero senior en Google, dijo que el argumento que la compañía presentó para justificar su despido era que él estaba “perpetuando los estereotipos de géneros”.

El mensaje de Google para el mundo es que ellos no van a tolerar críticas que sus propios empleados hagan de sus políticas institucionales, las cuales fomentan internamente una cultura basada en ser “políticamente correctos” (un adjetivo muy subjetivo que hace referencia a una persona que se comporta y expresa bajo preceptos aceptables socialmente – ¿pero quién define lo que es aceptable?). A pesar de que éste gigante tecnológico se muestra serio cuando clama públicamente que valora la diversidad de puntos de vista de parte de sus trabajadores, es claro que en la práctica no es así.

Google, al despedir a este trabajador, ha revelado que se encuentra esclavizado por los dictámenes de los activistas de izquierda de la empresa. Éste es un rasgo que Google comparte con muchas otras corporaciones, el cual deja en evidencia que el dominio izquierdista en estas empresas le está costando la libertad de expresión a quienes no se alinean con la forma de ver la vida de éstas personas.

En años recientes, el mundo tecnológico en particular, ha demostrado que ésta tendencia está creciendo rápidamente. Twitter es notorio por haber implementado políticas “anti-acoso” en su plataforma, buscando luchar contra discursos “ofensivos”, para lo cual ha empezado a suspender ingentes cantidades de cuentas basándose en argumentos ideológicos y políticos. Facebook está empezando a perseguir el “discurso de odio” de sus usuarios, respondiendo a presiones ejercidas por burócratas izquierdistas de Europa.

Patreon, plataforma que presta un servicio de captación de financiamiento comunitario en línea, la cual es muy usada por escritores y podcasters que buscan recursos para poder operar, ha clausurado las cuentas de varias personalidades conservadoras dado que basan su trabajo en ideologías contrarias a las de la compañía. Al mismo tiempo, Patreon ha permitido que grupos relacionados con Antifa operen libremente por largos periodos de tiempo (Antifa es un movimiento de izquierda que abiertamente llama a su audiencia a incurrir en actos de violencia contra los conservadores en Estados Unidos y Europa).

Youtube anunció recientemente que iba a intensificar sus esfuerzos para clausurar contenidos “controversiales” en su plataforma, lo cual es mucho decir, dado que ésta empresa de videos, que le pertenece a Google, ya tiene una historia muy documentada de incontables casos en los que la compañía demonetiza videos conservadores  que expresan opiniones políticas “equivocadas” (demonetizar = impedir que ganen dinero por publicidad).

El mismo día que Google despidió a Damore, Airbnb confirmó que borraría las cuentas de aquellos usuarios de los que sospechaba que participarían de las protestas programadas en Charlottesville, Virginia. Lo irónico es que en el comunicado que Airbnb publicó para anunciar ésta medida, la empresa indicaba que tomaba esta acción para demostrar que Airbnb era una organización que le daba la bienvenida a todos sus usuarios.

Aparentemente, dar la bienvenida a alguien es equivalente a clausurarle su cuenta en base a sospechas – sólo sospechas – de que esa persona puede tener afinidad ideológica con movimientos conservadores.

Retrocediendo un poco más en el tiempo, se tiene el incidente en que Mozilla (empresa creadora del navegador Firefox) despidió a su fundador, Brendan Eich, debido a que él, discretamente, donó dinero a iniciativas civiles que buscaban oponerse a la legalización del matrimonio entre homosexuales; éste incidente es un evento que ahora se considera un precursor temprano del desastre en que se ha convertido Google ahora.

Mientras éstas empresas están ocupadas persiguiendo a las personas que ostentan pensamientos “equivocados”, al mismo tiempo trabajan arduamente por promover ante su audiencia los ideales progresistas que definen sus culturas institucionales. Google, por ejemplo, frecuentemente utiliza sus famosos doodles para promover causas y nociones de izquierda. El agregador de Twitter, que es la herramienta con que la empresa presenta a sus usuarios los temas con mayor participación dentro de la plataforma, últimamente se inclina a presentar sólo opiniones de izquierda, y rara vez presenta un tema conservador en los primeros lugares. Airbnb le ofreció hospedaje gratuito a los migrantes que se vieron perjudicados por la nueva prohibición de viajes impuesta por el presidente Trump, por temas de seguridad nacional, para residentes de ciertos países árabes.

Y casi todas estas empresas cambiaron sus logos para que presentaran un patrón de arcoíris en orden de celebrar el hecho de que la Corte Suprema de Justicia de EEUU legalizó el matrimonio entre homosexuales en el año 2015.

El caso Damore es un ejemplo escalofriante que nos permite ver una escena en la que una gran corporación despide a alguien en base, única y exclusivamente, en la ideología que maneja. Éste caso es muy distinto  de aquellos en que estas empresas expulsan a sus usuarios y les impiden utilizar la plataforma que proveen. Después de todo, arrebatarle a alguien sus medios de subsistencia debido a que maneja una ideología política “equivocada”, es mucho grave que impedirle a alguien publicar unos cuantos tweets todos los días.

Para muchos Estadounidenses, la idea de ser despedidos por manejar una ideología contraria a la de los dueños de la empresa en que trabajan, resulta escandalosa. Pero eso es precisamente lo que estos activistas izquierdistas quieren. Aquellos que querían ver rodar la cabeza de Damore clamaban que necesitaban que él fuera despedido en orden de convertir a Google en un ambiente de trabajo “más seguro” para todos. Ésta es exactamente la misma basura que utilizan los activistas de izquierda en las universidades para impedir que oradores conservadores den conferencias dentro de los campus universitarios.

Todo es cuestión de poder para éstos activistas. Ellos suelen exponer su estatus de minorías victimizadas en orden salirse con la suya. El escándalo de Google no tiene nada que ver con crear un mejor ambiente de trabajo, en realidad se trata de un esfuerzo por someter al gigante tecnológico y hacerlo ceñirse a las políticas de la izquierda.

Tristemente, los activistas de Google tuvieron un éxito majestuoso en lograr su cometido.

Muchos en Estados Unidos se encuentran molestos por lo que ven en las universidades, donde la libertad de expresión es suprimida, mientras que la “política de identidades” reina triunfante. Algunas personas tratan de consolarse afirmando que las nuevas generaciones tendrán un despertar muy rudo cuando se enfrenten al mundo real, pero tal como escribí en mi libro “No hay universidades para los hombres blancos”, la mayor amenaza que posa la locura existente en las universidades, es que ésta se esparza al resto de la sociedad.

Lo sucedido en Google nos muestra cómo podría ser el futuro de los ambientes de trabajo cuando todos los activistas políticos de las universidades crezcan y empiecen a dominar los departamentos de Recursos Humanos en las empresas. La probabilidad de que consigas empleo puede llegar a depender de que expreses las opiniones correctas y mantengas cualquier disentimiento ideológico bien oculto dentro de tu mente. Mientras tanto, tu compañía abogará abiertamente por causas izquierdistas y utilizará su poder para hacer de las vidas de los disidentes, tan miserables como les sea posible.

En el mundo de hoy es mucha gente considera correcto que una gran corporación le niegue sus servicios a cientos de miles de personas que manejan ideologías “equivocadas”, pero es fascismo cuando una pequeña panadería local le niega servicio a una pareja de homosexuales.

Hace dos años, escribí que el mundo corporativo, y no el gobierno, representaba la más seria amenaza a la libertad de expresión en Estados Unidos. El tiempo ha demostrado que ese señalamiento es más cierto que nunca.

El derecho a la libertad de expresión no significará mucho cuando nosotros, como sociedad, aceptemos que aquellas personas que expresen opiniones impopulares merezcan que les arrebaten sus trabajos, su privacidad y su capacidad de hablar en foros públicos.

Las corporaciones tienen muchas libertades para operar en Estados Unidos como quieran, pero eso no significa que el público deba aceptar que Silicon Valley determine que sólo un lado del discurso ideológico podrá tener el derecho de hablar libremente en las plataformas virtuales.

 

Artículo escrito por: GREER, Scott. 08 de agosto de 2017. “Corporations Remain The Biggest Threat To Free Speech”. The Daily Caller, Estados Unidos. http://dailycaller.com/2017/08/08/corporations-remain-the-biggest-threat-to-free-speech/?utm_source=site-share

Artículo traducido por: RODRÍGUEZ, Juan Carlos. 17 de agosto de 2017. “Las corporaciones son la mayor amenaza para la libertad de expresión”. Tumarketing.co, Colombia. http://tumarketing.co/libertad-expresion/

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